PARTE 1
La labor del entrenador
como educador.
En todo proceso de la labor educativa resaltan dos acciones
paralelas y a la vez independientes,
estas son: la enseñanza y el aprendizaje.
Quienes están implicados en ella, el profesorado y el
alumnado, se encuentran inmersos en dichas actividades, aunque el protagonismo
de cada una de las partes varía según las funciones a desempeñar.
Este proceso educativo se va desarrollando en una constante comunicación donde intercambio de conocimientos y experiencias enriquecen tanto al profesorado como al alumnado.
Cabe agregar que el
proceso educativo no sólo implica una mera transmisión de conocimientos
relativos a la materia de interés, sino que incluye a la globalidad de la
persona y en este punto, tal movimiento de información debe estar presente, en la conciencia del formador de personas que practican deporte, este concepto de humanidad global donde cada gesto, cada palabra, no
debe, ser manifestados livianamente, porque el alumnado (nuestros
queridos deportistas) van a irse formándose o deformándose en su visión de
persona ante el mundo a través de la actividad deportiva.
La complejidad de este proceso de enseñanza-aprendizaje debe
considerar los contenidos curriculares (aquello que se quiere enseñar o
aprender) necesarios para conseguir alguna meta (objetivos), así como los
procedimientos o instrumentos más apropiados que deben utilizarse para ello
(medios).
Estos elementos, en continua interacción, se suceden en una situación
particular, modulada por los factores físicos, sociales y culturales (su contexto).
Por lo tanto se va esclareciendo que la labor de docente no
debería limitarse a una fría transmisión de conocimientos.
La formación debe tener presente que la formación
intelectual que se pretende ofrecer no tiene que reducirse solamente
adquisición de conocimientos, sino que va más allá y ese más allá es crear en
ellos un espíritu crítico que les permita buscar, adquirir y evaluar nuevas
informaciones.






















