viernes, 3 de abril de 2015

Prejuicio: El futbolista que no cabeceaba

Los Prejuicios...


Es muy común escuchar gritos obscenos desde las hinchadas, éstas son implacables cuando se trata de estigmatizar a un jugador que no les cae en gracia.

Cierta vez, estando yo en una práctica nocturna, en un club del interior del Uruguay, escuché un rumor que fue haciéndose opinión generalizada. El rumor versaba acerca de que determinado delantero de buen porte, veloz y certero en la definición, tenía algo que a los hinchas no les gustaba y a los dirigentes les fastidiaba porque habían invertido en su incorporación al Club. El defecto de tal muchacho era que no entraba a cabecear cuando su equipo ejecutaba algún tiro de esquina.

Si bien el joven hacía presencia en el área rival, su presencia era un mero bulto que no sólo estorbaba a sus rivales sino a sus propios compañeros.

¿Pero cuál era la razón de su pasividad en estas jugadas de pelota quieta, por qué no iba a cabecear los balones que venían como saetas hacia el área rival?

Para algunos era un "cagón" , "un pecho frío" que había que sacarlo del equipo; para otros, en cambio era de valorar su velocidad en la carrera trasladando la pelota y su muy buena puntería, ante lo que sus detractores acotaban: "todo lo que quieran pero no cabecea".

Esta situación alertó mi curiosidad profesional y aquella noche de práctica lo veo llegar en su ciclomotor al entrenamiento. Me acerco a él para saludarlo y en eso le pregunto (porque sus gafas llamaron mi atención) dime, ¿Tus lentes son de descanso? -No, me contestó él, las uso porque soy corto de vista no veo nada sin ellas, me dijo.  Entonces le pregunto si veía la pelota cuando esta venia "por alto"; - No ¡Qué voy a ver! me dijo...

El muchacho pecho frío, era corto de vista, según sus propias palabras.

Enterado de esto voy y le digo al Director Técnico que "nuestro pecho frío" no veía la pelota y que por esa razón no entraba a cabecear.

Las medidas que tomé fue proponer al D.T. que no lo mandara a cabeceara porque no veía llegar la pelota. Mandó el D.T. a otro jugador al área rival cuando atacaba nuestro equipo y al que inmerecidamente catalogaban de "pecho frío" se le encomendó otra función. 

Poco a poco la hinchada se fue olvidando de que nuestro muchacho tenía  esa falencia, dejaron de increparle y esto fue una variable que repercutió en el autoestima de aquél y por ende, su rendimiento mejoró notablemente...

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